23/06/09
Luis Espinosa: dos poemas visuales

Llave/Clave es una tabla con una cerradura que es a la vez su propia llave. La llave es la cerradura. ¿Qué hay que decir aquí, Ábrete sésamo? Estos encuentros de los contrarios, que se convierten rápidamente, tan rápido como la vista lo permite, y el cerebro lo registra, en metáforas tanto en lo poético como en lo vital. ¿Está todo trabado? Quizá esa trabazón sea la respuesta, la fórmula de salida o entrada.
¿Y no es éste también un encuentro perfecto entre lo masculino y lo femenino? Como si el mito platónico del ser único se hubiera metalizado, materializado entre los escombros de la ciudad. Porque la cerradura/llave está encastrada en una tabla, quizá los restos de una puerta o de un mueble. Así, entre lo que sobra, lo que ya no nos hace falta y descartamos para que se lo lleven los cartoneros, o simplemente para quitárnoslo de encima, podría estar la respuesta que a la vez pregunta. O la pregunta que siempre incluye su propia respuesta, que vuelve a preguntar. No estaría mal que en esta figura estática estuviera la clave del movimiento perpetuo.

Otro asunto importante: la palabra mentira, mil veces repetida, no se ve de lejos, hay que acercarse, aunque incluso cuando uno lo hace necesita la lupa que cuelga del marco. Hay que mirar con lupa la verdad para ver qué es lo que le da forma.

Entonces la cuestión es: ¿hasta qué punto es posible analizar la verdad y poder seguir viviendo? Porque no es fácil mirarse al espejo, ni para el individuo ni para la sociedad ni para la polis. Podemos vivir con cierta tranquilidad alejándonos un poco para que no se vean las mentiras, sólo la verdad. O podemos acercarnos y analizar, aunque no sé hasta dónde puedo yo mismo llegar.
Estas dos piezas me parecen claves en la obra de Luis Espinosa, poeta y artista conceptual. Él admite y celebra la influencia de Duchamp, aunque me parece que sus preocupaciones son enteramente distintas. Creo que Duchamp miraba más hacia adentro, hacia la violencia sexual que todos llevamos dentro. Espinosa es más amable porque invita a mirar más de cerca. No tanto a través de la cerradura, sino a la cerradura misma. Puede que ahí esté la verdad.
Archivado en: Arte

jul 2, 10:04
Roger trato de pasar por acá con la mayor frecuencia posible y hoy lo único que puedo decir es: ¡Gracias por la reflexión!