11/06/09
Sobre la Ley de Mecenazgo en Argentina
Uno de los problemas más graves del arte en Argentina es que no existe independencia crítica de ninguna clase. En algunos casos la culpa es de los críticos, en otros no. Hay críticos que aún teniendo el respaldo de sus medios, normalmente un periódico, han preferido formar parte del mundillo del arte y convertirse en entes de influencia más allá de lo que escriben. Suelen ser muy amigos de ciertos coleccionistas, de ciertos galeristas y de ciertos artistas, con lo cual siempre se mueven dentro de un entramado de intereses creados que les ata las manos, sobre todo la que sostiene la pluma, y no les escribir con la violencia o la amplitud de miras que haga falta. Esto ocurre también porque en realidad no tienen competencia, nada que los estimule a por lo menos salvar su prestigio.
En otros casos ocurre que los críticos trabajan por su cuenta, quizá con becas universitarias, y cuando escriben algo en prensa sobre una muestra, ésta suele ser la de un amigo. Nadie escribe a la contra si no tiene cierto respaldo, se quedaría rápidamente fuera del círculo privilegiado por donde se mueve la información. De hecho, el único crítico (limitado, eso sí, en sus propuestas) que va a la contra y es independiente, lo hace en un blog y bajo pseudónimo.
Peor aún son aquellos medios y críticos que cobran a artistas o galeristas por escribir sobre su muestra. Esto, más que crítica, se convierte en publicidad. Si lo vemos así, entonces, no tiene nada de malo ni de raro, excepto que la distancia crítica no se da.
La nueva ley de mecenazgo, que da cabida a practicantes de todas las artes, pero también a medios especializados (incluyendo los electrónicos), permitirá ese tipo de respaldo económico sin el cual no hay crítica.
El otro día, en ArteBA, me decía un amigo, medio en broma medio en serio, que el último crítico de arte que en realidad valió la pena fue Baudelaire. Yo le respondí que más que el último, fue el primero, pero que había que ir con cuidado con ese tipo de juicios. Baudelaire recibía una pensión del Estado, como artista, y por sus artículos sobre arte cobraba a las revistas que los publicaban. Estaba cubierto: podía decir lo que quisiera sin quedarse a la intemperie.
Roberto Arlt fue un feroz crítico de teatro, pero sabía que por mucho que sus artículos fueran protestados por gente afectada, el diario para el que trabajaba, El Mundo, lo respaldaría.
El eslabón más débil en la transmisión de la cultura es siempre el crítico. Al ser el más vulnerable económicamente, también lo es en otros sentidos. El dinero es como el agua, se cuela por cualquier resquicio. Puede haber críticos que escriban por amor al arte, en todos los sentidos, pero evidentemente tendrán que ganarse la vida en otra cosa, con lo cual su labor se verá casi siempre limitada: escribirán sobre lo que les gusta mucho o sobre lo que les disgusta mucho, pero siempre les faltará algo: la obligación de cubrir (en el caso del arte) esas muestras que son buenas y malas a la vez, o que quedan ligeramente fuera de sus especialidades o pasiones. Así tampoco hay distancia crítica ni aprendizaje ni cuestionamiento de las propias ideas y/o prejuicios.
Mi esperanza, entonces, es que la nueva ley permita el tipo de independencia que los críticos necesitan para desarrollar su trabajo en libertad. Y junto con esa independencia crítica, la nueva vía de financiación también puede permitir el desarrollo de proyectos artísticos que no resistirían la lógica del mercado, que es la que prima en el país. Así se abren más posibilidades.
Para los que celebran a rajatabla el imperio del mercado, diré que este tipo de subvenciones lo que permiten es la apertura de mercados nuevos, como ocurrió a finales de los 60 y principios de los 70 con el arte conceptual. En Argentina todavía falta un salto así, una apertura de esta clase.
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jun 11, 23:55
Perdona Roger, navegando por aquí, he tropezado con “Algunas notas sobre el realismo en pintura” del 06/07/08, (ha pasado algún tiempo). Y no se puede estar más equivocado en cuanto a la valoración que realizas de la pintura realista.
-¿Porque?.
En primer lugar, la pintura es buena o menos buena por míltiples razones; pero es buena en función de que logre llegarnos al alma. Y eso nada tiene que ver con la singularudad de ser abstracta o realista.
Tiene mucho merito leer a Danto; sobre todo terminar de leer loque escribe; pero la transfiguración del lugar común está cimentada sobre el desconocimiento de los valores eternos del arte.
Otra cosa, y perdona, pero los cuadros de Antonio López, no son ninguna tontería que pueda realizar una máquina de foto ni un pintor cualquiera; es más sólo lo puede pintar él.
Saludos
jun 12, 19:41
Juan
Llegar al alma. ¿Esto significa puro sentimiento, o también entra en juego el intelecto? Porque ese artículo, aunque no lo parezca, es una defensa de la pintura de Antonio López y la pintura realista, sólo que por otros derroteros, que también se aplican a la pintura en general.
La abstracción no entraba en mi argumento. Y no lo hacía precisamente para evitar cierto tipo de discusión: no se trata del estilo, de la superficie, sino de lo que aporta una obra (aparte de lo visual) al mundo de las ideas.
Dices “los valores eternos del arte”. Eso no existe; el arte es siempre contingente, igual que la idea misma de arte. Cada tiempo define lo que es el arte, incluso hay cosas en los museos que cuando fueron hechas no eran arte y hoy decimos que sí lo son.
Sobre Antonio López. ¿Por qué sólo lo puede pintar él? Esa es la cuestión. No dar algo por sentado, un individualismo, una originalidad, una imposibilidad de falsificación. Si es importante la pintura de AL es porque aporta algo al concepto de pintura, al del arte y a la conversación de la sociedad sobre lo que para ella importa.
Saludos
rc