09/06/09
Diarios: Ferrari, Romero, Zabala
ECUNHI
Inauguración, 2 de junio
La Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) es un campus enorme junto al río, por la salida norte de la Capital. Fue quizá el principal, o por lo menos el más notorio centro de detención y tortura durante la dictadura militar de los años 70 y 80. Ahora ese campus está volviendo a ser ocupado, pero ya no por los militares, sino por organizaciones de derechos humanos, entre ellas la Fundación Madres de Plaza de Mayo, que entre otras cosas han creado el Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECUNHI). Ahí, varios artistas conocidos, como Marcelo Pelissier y Miguel Ángel Giovanetti dan clases y montan exposiciones.
La primera que he visto de las exposiciones, titulada “Diarios”, incluye obras de León Ferrari, Juan Carlos Romero y Horacio Zabala, tres de los artistas conceptuales vivos más importantes de la Argentina.
En la serie L’Osservatore Romano, Ferrari toma planas del diario del Vaticano que llevan consignas del nuevo cristianismo y superpone otras imágenes, también de la tradición cristiana, pero que tienen que ver con la tortura, la violencia de la Iglesia contra todo aquel que fuera considerado otro: hereje, heterodoxo, eso: otro. Por ejemplo, el titular “Es preciso recordar el camino misionero renovando los métodos pastorales”, lleva superpuesto un artilugio de tortura medieval que se insertaba en la boca, la vagina o el ano de la persona a interrogar. Queda claro, ¿no? Es preciso renovar los métodos. Casi todos los collages de Ferrari tiran por ahí, excepto uno que lleva como titular, “Mensaje del Santo Padre Juan Pablo II para la IX Jornada Mundial del Enfermo”, y lleva un damero compuesto por envoltorios de condones de la marca Prime, los rojos (texturados, para mayor placer) y en el centro una foto del Papa. Evidentemente, la idea que L’Osservatore quiere proyectar viene contestada por Ferrari con algún elemento que la desmiente, que la pone en perspectiva y/o la destruye. El juego es un tanto obvio, pero a veces estas cosas obvias son precisamente las que sobrepasamos sin darnos cuenta. La ideología se mueve así, por esos caminos invisibles; por eso hay que descubrirla, mostrar de qué está hecha.
Juan Carlos Romero expone una serie de palabras en letras blancas sobre fondo rojo: Pánico, sacrificio, víctima, Asesinan, Arrojan, ataque, rehén, condena, conflicto, amenaza. Justo debajo de cada una hay una ampliación del titular del diario Clarín donde aparece esa palabra. Debajo de ésta, la página del diario completa donde apareció la noticia; y debajo de ésta, la portada de ese mismo diario con unos números pintados por encima con esténcil que van del 0104 al 2004, o sea del primero de abril al 20 de abril. Acercándonos podemos ver que el año es el 2001. Nada ha cambiado, el diario sigue siendo el mismo proyector de violencias y de miedo. El efecto de esta obra es como un zoom que va del telefoto al gran angular, como si el artista pidiera que nos alejáramos y acercáramos una y otra vez para ver las noticias con mayor detenimiento, con distancia y cercanía críticas. La obra de Romero siempre es una lección de lectura, siempre está tomando textos para mostrarlos de otra manera, desde otro punto de vista, dando una lectura que abre resquicios: precisamente una labor deconstructiva.
Horacio Zabala presenta páginas de diarios europeos y argentinos pasadas a papel de calco utilizando pasteles de muchos colores. Se alcanza a leer el nombre del diario, la página (la de espectáculos, la financiera…), pero no se puede leer nada. Es como si Zabala se hubiera rebajado voluntariamente al papel de censor. Un censor desquiciado que lo encuentra todo sospechoso y lo tacha todo. Así9, lleva la lógica de la censura a su final consecuente. Uno de los aspectos más interesantes de estas obras es que son bonitas: como si el efecto de la censura también lo fuera, como si fuera tranquilizador. Conozco a Zabala y puedo asegurar que es un gran irónico. La ironía, hay que recordar, no siempre implica humor, o si lo implica, se trata de un humor muy serio. Es posible reír sin alegría. Y la risa puede ser tan crítica como cualquier seriedad.
Marcelo Pelissier pone así, a disposición del público, en un lugar que puede ser espeluznante (yo fui de noche), obras de tres artistas fundamentales en el arte contemporáneo argentino. Las pone en diálogo como si fueran editoriales en un diario ellas mismas. Digo “editoriales” en el sentido en comentan la realidad, más que la describen, pero sin imitar a la prensa, excepto en el sentido en que producen su comentario desde un punto de vista particular. Las obras ejercen una libertad de comentario que, como ha demostrado internet, a la prensa establecida no le gusta nada. Muchas veces lo necesario no gusta, claro. Y la labor del artista es presentarlo, y sí, aunque a algunos no les guste.
Archivado en: Arte

jun 12, 22:08
Hola Roger! Que buena descripcion haces sobre la muestra, que por cierto, es maravillosa, dura, ironica y muy bella. Bien por Pelissier, que nos regala esta joya. Impecable la colgada, tambien no?