21/04/09
Faltan detectives
Hoy me explicaba un pintor que el arte argentino no hace más que devaluarse. Uno paga hoy 5 mil dólares por una pintura y dentro de diez años esa obra, en lugar de subir de valor, no vale nada, no hay quien pague ni lo que se pagó por ella originalmente. Mencionaba nombre tras nombre de artistas bastante buenos, algunos vivos, otros muertos, y yo iba sintiendo cada vez una desazón mayor, una angustia a la que le faltaba poco para convertirse en algo cercano a la ira. Y es porque he visto muchas de esas obras y creo que son de un gran valor, por lo menos unas cuantas, tan importantes como las que se hayan producido en otros países. Cuando salí del estudio del pintor con quien había estado hablando, de repente se me ocurrió la razón por la que esas obras van perdiendo valor y cayendo en el olvido. Y la razón es bastante sencilla: no hay nadie que las recuerde.
En Argentina no hay un sistema de museos del estado que se dedique a ese recuerdo, no sólo a la protección sino también a la creación de patrimonio, incluso de la idea de patrimonio. No hay museos y tampoco hay manera de saber dónde están todas las obras de un determinado artista. De esa manera es imposible hacer un catálogo completo de sus obras, y por lo tanto, de valorarlas en el contexto de su producción y de su tiempo. Al no existir ese recuerdo sistemático, ese patrimonio, también es difícil que haya estudiantes de historia del arte que puedan dedicar una tesis a la obra de un artista. Tampoco se pueden crear programas de exportación cultural como los que manejan los museos europeos y norteamericanos (con lo que eso, además, conlleva de prestigio e influencia cultural, no demasiado difícil de convertir en influencia económica o diplomática).
Lo mismo ocurre con la literatura, como me contaba hace unos días Belén Gache. Los manuscritos están dispersos en colecciones privadas quién sabe donde, o se han perdido, o han sido robados, o lo que sea. Así resulta imposible, por ejemplo, la crítica genética: averiguar los vericuetos por los que pasó una obra literaria hasta llegar a su forma final, publicada.
Si es imposible determinar los procesos de un artista plástico o de un escritor, los caminos de su creatividad, difícilmente se podrá poner en práctica una crítica, una ensayística que se dedique a explorar los misterios que las obras producen, los misterios que al fin y al cabo son la finalidad del arte.
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