Una luz

El pasillo—de agua.
Para que flote la bola roja de lo que nos diremos
con los años, risas.
A veces la rabia de algo que se quiebra
y no vuelve.
También el enjambre tenso
que se abre cada día como una granada madura.

Luego flota en un círculo de luz
que flota como nosotros
y es lo que somos:
una luz entre los dos.

Lo que somos y flota
como la luz que flota en el agua
que corre por su pasillo, bajando.

Libra las ausencias
como un caballo de tormenta
de aguacero abierto
de agua que corre
diámetro nuestro que palpita de reírnos
de hablarnos poco a poco:
luz del tacto, pisadas en el río
respiración que se gusta
que se huele y se alegra.

Baja hasta que se pierde, ese agua
en el agua, en el aire, la tierra
y sigue siendo eso, una esfera de luz
en la luz.

Igual que el agua, vista o no
de perfil, viene a crear
en nosotros
ese regalo de no saber: finito.