Sobre el futuro del libro


Crecí en una casa con una biblioteca importante. Siempre he vivido entre libros, nada fácil tomando en cuenta mis múltiples mudanzas, cambios de ciudad, de país. Por eso hace unos meses argumentaba sobre la necesidad de una gran biblioteca electrónica, o la posibilidad de llevar muchos libros conmigo, en mi ordenador o algún otro aparato de lectura: en ese caso la portabilidad de la biblioteca, la movilidad del lector, era lo que más me preocupaba.
Esto no quiere decir que haya perdido la pasión por los libros físicos, de papel; a mí me sueltan con dinero en una buena librería y salgo bien cargado y sin poder siquiera pagarme ya un café. Poco a poco el contenido de los libros se va pasando a medios electrónicos, pero ¿qué pasara con el contenedor, con los libros en sí? A esa pregunta van dirigidas estas notas.
Uno de los principales caminos que seguirá el libro, creo, es el de las ediciones limitadas, caras y muy bien hechas. Serán para coleccionistas o especialistas, para fanáticos del libro muy logrado. En una época, no demasiado distante, en la que cualquiera podrá acceder a contenidos gratuitos o muy baratos, los libros de lujo seguirán existiendo y, probablemente aumentará el número de libros producidos y el número de compradores de este tipo de objetos.
Un buen ejemplo de lo que digo es Teatro Proletario de Cámara, del poeta argentino Osvaldo Lamborghini, editado en España por Anxo Rabuñal. La edición, preciosa, cuidadísima, se sostiene entre las manos y ante los ojos durante horas. Se trata de una edición casi facsímil de los carpetas en las que Osvaldo fue guardando y creando uno de sus últimos proyectos. Son páginas con poemas, borradores de poemas, collages, dibujos, pinturas: un libro total que no quedó olvidado tras la muerte del autor en 1985, porque no lo estaba, pero al no tener quien lo editara, permaneció como un mito entre la secta de los osvaldistas durante años. Rabuñal hizo un trabajo excelente para llevar este libro al público, pero en una edición limitada de 300 ejemplares. Y me parece muy bien que sea así; los editores comerciales tuvieron su oportunidad y no se interesaron, no les cuadraban los números. Rabuñal sacó un libro para amantes de los libros, para los interesados en Osvaldo Lamborghini, para nuevos y viejos bibliófilos, pero no para el público en general… ese público es el que los grandes editores dijeron que no necesitaba este libro. Quienes sólo se interesen por los textos de Osvaldo, pueden acudir a las recientes ediciones de Sudamericana. Quienes aman los libros, tanto por su forma como por su contenido, tienen una obra de gran belleza. Anxo Rabuñal no es un pionero en esto, y sí un editor consciente del tipo de libros que traerá el futuro.
Este no es un “libro de artista”, pero casi. Los libros de artista serán otro camino a seguir. Baratos o caros, casi siempre en ediciones limitadas, esos libros llegarán a los interesados en el arte o en ciertos artistas por caminos distintos que el libro habitual. Y serán precisamente artistas y poetas, junto con editores muy particulares, los que hagan este tipo de libros, fuera de lo que habitualmente conocemos como “mercado del libro”. Tendrán pocos lectores, sí, pero eso de los números de ventas pertenece ya a otro mundo, al de ese “mercado” del cual no forman parte. Esto lleva ocurriendo desde hace bastante tiempo, no es nada nuevo, y sin embargo, sí que es un camino de futuro. Ahora mismo hay una gran exposición de libros de artista en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles que explica bastante bien la trayectoria de este medio en los últimos 40 años. Ayer el fotógrafo Bruno Dubner me hablaba incluso de hacer tiradas de 50 ejemplares, muy cuidados, muy trabajados y bellos. Por ahí creo que irá la cosa.
Después estarán los libros editados “bajo demanda”. Uno llegará a ellos por catálogos electrónicos, los pedirá y se los fabricarán en el momento, sin tener que invertir en papel y tinta hasta que no haya comprador. Este camino ya está abierto también y sirve tanto para manuales técnicos muy especializados, como para personas que quieren ver el objeto de sus desvelos y ratos de ocio entre tapas. No dudo de que el mercado masivo termine siguiendo este método. Que muchos autores decidan suprimir al editor (ya que las casas editoriales ya no ejercen en realidad su función como filtros) y llegar al público directamente.
Los que sólo son lectores y sólo se interesan por el contenido lo tendrán por medios electrónicos. Esto cambiará, tarde o temprano, los contenidos y la forma de leerlos, igual que lo hizo la imprenta a partir del siglo XV, y eso traerá cambios sociales como ocurrió entonces también. Cuáles serán esos cambios, eso sí que no lo sé. Si fuera adivino trabajaría para un banco.