06/02/09
Algo acerca de la función de los centros de arte contemporáneo
Esa pluralidad religiosa que llamamos “arte contemporáneo” ha dado en preguntarse (por lo menos desde hace unos 45 años): ¿de qué podemos hablar?, ¿de qué debemos hablar? y sobre todo, ¿hasta dónde podemos llegar con esta conversación? En otras palabras, ¿cuáles son los límites de la discusión de lo que nos afecta en nuestras sociedades?
El arte contemporáneo, así, en general y con innumerables idas y venidas, se ha preocupado mucho en recalcar que tenemos la obligación de explorar esos límites, ensancharlos, atravesarlos. En esto ha ido de la mano de la filosofía, que no por nada, también se ha ocupado en este último medio siglo en el problema del arte.
Esta exploración de los límites ha hecho del arte contemporáneo algo a menudo desagradable o incomprensible. Normalmente, aquello que queda fuera de los límites que la comunidad en la que vivimos se ha impuesto, casi siempre por supervivencia, o tranquilidad, nos parece desagradable o incomprensible.
Así, la misión de los centros de arte contemporáneo (CAC), es aportar la infraestructura para que la conversación en torno a los límites se pueda dar. No cabe duda de que los conservadores consideran la labor de los CAC casi como una especie de quintacolumnismo: una invitación al enemigo.
Los CAC se han abrogado en buena medida también la discusión sobre lo que ocurre dentro de los límites. Esto se puede incluso llegar a considerar como un testimonio del fracaso de la política, aunque sean las mismas instituciones políticas las que financien esos centros.
Es el trabajo de cada centro de arte contemporáneo seleccionar las conversaciones, o aspectos de ellas, que tendrán lugar entre sus paredes (de haberlas), y de hacerlo en función de las necesidades de la comunidad a la que pertenece. Suena raro que la discusión de lo extracomunitario pertenezca a la comunidad, pero no lo es tanto, si consideramos que ninguna comunidad, al menos dentro de la cultura que llamamos Occidental, vive aislada.
Y siempre, por más abierta que sea, las conversaciones tendrán que partir de lo ya conocido, del punto de vista particular de cada comunidad. Esto, sin embargo, no debe entenderse como un tipo de chovinismo, ni de nacionalismo. Se trata de saber que aunque tratemos de ponernos en el lugar del otro, siempre lo haremos desde nuestro propio lugar; pero ponerse en esa posición extraña es a menudo la mejor forma de entender la propia.

feb 6, 20:37
No me queda muy claro cúal es la función que finalmente sugieres para los CAC: la de explorar los límites que la comunidad se ha impuesto, intentando atravesarlos (cosa que dices que han venido haciendo), o la de promover arte que esté dentro de los límites de lo que la comunidad considera…
Extralimitarse es la manera de conocer los límites. Pero parecería que sugieres que esa actitud cambie, y sólo se me ocurre que eso signifique mantenerse dentro de los límites que la comunidad acepta.
Aún no emito juicio, sólo intento comprender la postura expuesta, cuando lo comprenda podré pensar sobre ello.
feb 6, 22:00
Es “ponerse en los zapatos del otro” o meterse en el espejo para mirarse desde alli…
Una zona de distensión con sus nuevos códigos…
feb 7, 01:30
Dos religiosas de la congregación de la Inmaculada Concepción de María, del estado de Michoacán, fueron detenidas cuándo pedían limosna, por policías preventivos del municipio de Dolores Hidalgo, quienes las obligaron a desnudarse al comparecer en la barandilla.
“Las obligaron a quitarse el hábito solamente para comprobar que eran mujeres”, censuró el sacerdote Faustino Pérez Cortés, al acompañar a las “hermanas” a presentar una denuncia ante el Ministerio Público.
La delegación del Ministerio Público inició la averiguación previa 24/2009 por el delito de abuso de autoridad.
En tanto que este viernes la Procuraduría de los Derechos Humanos requirió al alcalde de Dolores Hidalgo, Luis Gerardo Rubio Valdés un informe detallado sobre los hechos para la apertura de una queja oficiosa.
Esa, es la pluraridad religiosa hoy en Mexico…
feb 8, 16:33
Pabloid, el trabajo del arte contemporáneo es el que tiene que ver con los límites. Los CAC tienen que aportar la infraestructura para que ese trabajo con los límites se pueda dar. Pero los CAC tienen que partir de las necesidades de la comunidad en la que están instalados. En otras palabras, el CAC decide qué límites se exploran o transgreden según las discusiones sobre la realidad, y sobre lo que hay dentro de los límites, que se den en la comunidad.
Juan José, si te pones en los zapatos del otro, es para ver el mundo desde ahí; si cruzas el espejo es para verte a ti mismo desde otro lado. No es exactamente lo mismo. Aunque a menudo hacen falta las dos cosas. Aquí quiero recalcar, sin embargo, que no se trata de relativismo, sino más bien de perspectivismo: que puedas ver la realidad desde la perspectiva de otro no significa que estés de acuerdo con él, o que estés obligado a otorgarle el mismo valor a una perspectiva que a otra.
Axel, más que un abuso contra la religión, me parece contra las personas y contra las mujeres… violencia contra el que es percibido como más débil. Esta es una de las formas clásicas de la cobardía. Que sea un abuso del débil por el fuerte, en este caso la autoridad local, obliga a actuar al Ministerio Público. El tipo de vejación obliga a la Procuraduría de los Derechos Humanos. Pero la religión no tiene nada que ver, no creo que sea una persecución de católicos.
Saludos a los tres, y gracias por los comentarios
rc
feb 11, 02:21
Roger, las discusiones sobre territorialidad son válidas sólo entre los interesados como vecinos y paseantes frecuentes, pero en nuestro territorio la figura de los CAC como la describes no existe, es interesante conocer su funcionamiento, por aquello del arte que existe sólo al encontrar su observador.
feb 11, 03:07
Juan José, la idea que propongo aquí es más o menos teórica. No hay ningún CAC, por lo menos en Europa, donde muchos centros se hacen llamar de arte contemporáneo, que perdure. El problema es la democracia que proponen, el ir y venir de ideas, muchas utópicas, o de quejas, muchas contra los mismos gobiernos que los financian.
El gran problema de los centros de arte contemporáneo es su necesidad de constante renovación, cambio de estrategia, ocultación o demostración. deben ser rizomáticos en muchos aspectos de su funcionamiento. Si no, sus actividades son apropiadas por el gobierno de turno (recuerda que en Europa se subvenciona todo) para sus propios fines propagandísticos y de ocupación total del poder.
Lo que yo conocí en España es que siempre había un centro que hacía trabajos súper interesantes, hasta que el equipo directivo era despedido. Luego otro centro tomaba su lugar, hasta que pasaba lo mismo. Y así sucesivamente. Casi siempre había un lugar donde se estaban discutiendo fronteras.
Esto último habla de una cierta buena salud del arte contemporáneo, y de una cierta mala salud de la democracia.
Yo lo propongo aquí como idea porque veo la necesidad de este tipo de lugares en Buenos Aires. Pero tú y yo conocemos bien lugares donde hace falta este tipo de conversaciones. El problema, creo, es que no durarían mucho.