Una cooperativa

He sido traductor. Abandoné el oficio por puro aburrimiento: los textos que se pagaban mejor eran técnicos o legales, los literarios, aparte de que llevan mucho más tiempo tanto de escritura como de investigación, si se han de traducir bien, se pagan fatal. Y son tantos los editores que se piensan que con adquirir los derechos de un libro ya es suficiente, que luego son incapaces de pensar en la traducción como lo que es: hacer el libro de nuevo. Sólo hay que ver las traducciones que se mueven por ahí para ver el resultado de esta mala práctica.
Acaba de aparecer un artículo en Adenda & Corrigenda sobre la necesidad de regular de alguna forma la calidad de la traducción.
Pero yo me pregunto, ¿y si la mejor forma de garantizar la calidad de las traducciones depende precisamente de evitar a los editores? Pensemos en una cooperativa en la que se reúnen editores vocacionales, traductores, correctores y, quizá, alguien que lleve las cuentas y se encargue de la burocracia. No incluyo a escritores en la cooperativa por evitar la feria de las vanidades.
Evidentemente habría que poner un capital para comprar los derechos de los primeros libros. Pero se ahorraría en alquileres ya que cada quien podría funcionar desde su casa, siendo la mesa del comedor de uno de los socios el lugar de las reuniones obligatorias, donde se toman las decisiones estratégicas. Y no hace falta apuntarse al mercado de los best-sellers anglosajones. Se puede buscar en otros mercados libros interesantes a la vez que comerciales. También, si la cooperativa es española, se puede recurrir al mercado latinoamericano, en el que hay excelentes escritores que llegan poco (porque no hay demasiados editores de la misma calidad) al mercado español.
Y hay otras maneras de financiar un proyecto así. En Argentina he visto como algunos proyectos editoriales se manejan por suscripción. Los suscriptores pagan la mitad de lo que costaría su ejemplar el libro una vez puesto a la venta. Si se reúnen suficientes suscripciones el riesgo es mucho menor, claro, pero lo más importante es que de esta manera se puede poner en marcha un proyecto que podría no haber visto nunca la luz. Se pueden producir libros que no interesan a los grandes conglomerados mediáticos, cuya única preocupación es la cuenta de resultados.
Seguramente una iniciativa así conlleva resolver muchos más problemas que el de la financiación de proyectos; el de la distribución, por ejemplo. Pero no me parece que la idea sea mala.
El caso es que siempre nos estamos quejando de las empresas editoriales, pero nunca nos decidimos por tomar las riendas nosotros mismos. Ya dije que yo preferí dejarlo que continuar bajo las malas condiciones de trabajo. Pero esa quizá no sea la mejor opción.

2 Comentarios para Una cooperativa

  1. EL AXEL escribió:

    oye….que te parece esto:

    http://www.eluniversal.com.mx/notas/572570.html

  2. Roger escribió:

    Sin duda, ese es el futuro. Pero mientras los viejos esquemas quieran seguir manteniendo sus modelos de negocio caducos, el futuro tardará en llegar.