Pausa

a modo de examen de conciencia

Las nubes enrojecieron como si fuera de vergüenza:
un timo que había que cobrar
—una venganza más—
por haberme olvidado, haber cubierto la deuda
un día de lluvia, de nada.
No habría consuelo para las nubes de otra manera.
Tampoco un instante alegre, ya frío.

Y así como nosotros les perdonamos sus nudos
el aumento de todo se va hundiendo.

Los precios elegantes rodeaban a cualquiera en su desdicha.
Predecían lo que en otro momento llegamos a saber.
A saber: que todo aquello carecía.
El tiempo estaba en falta, por consenso
con su rizo y huracán y palabras de verano—
hasta que nos fuimos quedando sin casa, por el momento
y agarramos lo que pudimos al huir:
una lata de voces, llena y abierta en la mano abierta
y en la otra, un puño, un filo, una llave de silencio
del que se irá coagulando esta hora, hoy
mejor que mañana.