13/08/08
Bicho abandonado
Se quejan de la frecuencia, del suelo escaso
de lo bonita que eres, o ibas a ser, todavía.
No piensan que el club de ajedrez
tuvo que desviar la mirada in situ
escalando a su carril exclusivo
para levitar contra el viento.
Cada mañana invita a tomarse en serio
la pastilla de un solo nombre.
Y fuimos. Apetecía un café, un rechazo
con ese tráfico tan del amanecer, tan de aquí.
Así, cuanto más densa la captura, mejor.
Cuanto más abstracta
más entregada al roce incierto…
igual nos escapábamos al otro finde
con su nube de enlaces bien al sol
y un poco amarga.
Esa coyuntura enferma, el futuro—
llena de fruta sin comprar.
Pero fue al girar que hallamos las opciones:
alguna hacía justicia, la derogaba
como si en la molienda ver que algo caduca
afirmara nuestra leve leyenda
y varias terminaciones:
su falta de amigos, el beso fino
como de un perro muerto;
lo que a mí me decía la hora
y a ti el color del día.
El resto del espacio
rayado, o en tubos de plomo
queda libre y marcarlo es inútil:
la marea no teme su propia invención
su mentira desencajada en espuma.
Nos deja esperar en la punta del muelle
la tormenta que viene a martillo.
