Invitación a comer


La mesa plegable lleva etiquetas
de mil sitios que ha visitado.
También los cubiertos dieron la vuelta al mundo
y la mantelería es de pelo de caballo.

Espero lavar mañana las servilletas
y tener tiempo para peinarlas.
Mi vecino las usa debajo de la camisa
en días de penitencia cuando no me hacen falta.

Los doce vasos llevan el adjetivo de capilares
y me traen algo a la memoria:
algo enredado en palabras
y atrapado bajo el agua.

En otro tiempo
los platos nos daban de comer.
No sé si estallaban contra el suelo
pero el público aplaudía.

Hay quien se enfada o frunce el ceño
al recoger la mesa.
Yo dejo siempre un montoncito de arena
mi tótem, en el centro.