Sobre el nomadismo y los objetos


No sé si es extraño o qué es, pero conforme más lo pienso más convencido estoy de que la vida nómada lo es más y mejor si uno no depende del coche. Como bicho en movimiento, lo que llevo haciendo de un tiempo para acá, es deshacerme de los objetos, aunque no de las cosas, para evitar un exceso de peso, que no de bagaje. Las cosas las lleva uno en la memoria, en el recuerdo, en el ADN; y ahora con la digitalización de todo, puede uno ayudarse con memorias artificiales.

Por ejemplo, no llevo una maleta llena de mis escritos, como hizo Walter Benjamin en su último viaje, o como Hemingway, que la perdió, dando lugar al mito de la gran obra perdida. Van todos en el disco duro y muchos están almacenados en servidores externos, de manera que aunque no lleve conmigo el ordenador, puedo llegar a ellos desde cualquier conexión a internet. Libros, mi gran adicción, compro los indispensables; ya no compro porque es posible que algún día me interesen, sino porque los voy a leer ahora. Luego queda bien abierta la posibilidad de venderlos o cambiarlos por otros.

Tampoco me interesa llenar mi casa de objetos decorativos. Y no sólo es porque no quiero cargas, sino también porque cuanto más móvil me considero, más tiendo a la vida interior, a la virtualidad de la imaginación y la memoria.
Y las paredes las mantengo en blanco; así cuando me levanto por la mañana el camino virtual a seguir ese día, que marca los caminos físicos que transitaré, empieza en limpio, sin las imposiciones que otros, con sus obras, o yo mismo al colgarlas ahí, me impongan.

Últimamente tengo tanta energía que cada día aparece como una nueva aventura, con una carga de posibilidades enorme, como si me encontrara en un cruce de innumerables caminos. Moverme por y entre ellos, como navegar de un enlace a otro por internet, de una idea a otra, relacionándolas o rompiendo sus lazos, se ha convertido en mi vida nómada.

Y vuelvo al principio, a la idea de que el coche es más una carga para el nómada, que una herramienta útil. Cada vez más, siento que la libertad a la que muchos aluden para defender el uso del automóvil, es una idea falsa, más de sedentarios soñadores, que de nómadas. El coche, como gran objeto a cuidar, limita, sirve como ancla, más que como navío. El nomadismo siempre ha sido interior (virtual) y exterior (físico). Una forma de vida, más que un estilo.

Y ahí, entre forma y estilo, puede que esté la gran diferencia. La forma abarca toda la vida; el estilo se queda en lo nimio, lo meramente visible. Podría decirse que forma es una especie de arquitectura profunda, mientras que estilo es decoración. Las conexiones neuronales que arman redes distribuidas entre sí, con el cuerpo, con otras personas, con el exterior, con las ideas, con el mundo, son esa arquitectura profunda; requieren toda la vida. Se puede cambiar, pero hay que trabajárselo. En cambio, con el estilo, sólo hacen falta llamar por teléfono a un par de sitios: a una asesoría de imagen y a un estudio de decoración.

2 Comentarios para Sobre el nomadismo y los objetos

  1. Enrique escribió:

    Hace mucho, muchísimo, a la vuelta de un año de viaje por Asia, sentí una angustia enorme al entrar a mi casa. No podía creer que todos esos objetos (libros, discos, ropa, etc) fueran mios. Me resistí con la resignación de los que se saben perdidos. ¡A las dos semanas ya era otra vez un burgues lleno de cosas! La felicidad es a veces una mochila bien liviana.

  2. Roger escribió:

    Yo había puesto un comentario contestando al tuyo, pero desapareció, no sé por qué.
    Para mí la idea es pensarse como nómada, interiorizarlo y tomar las decisiones desde ahí. Luego es posible que, dada una circunstancia parecida, dos personas tomen decisiones opuestas: todo depende de lo que viene de atrás, como el clima.
    En fin, para mí: cuantos menos objetos, mejor. Es difícil, pero hay que intentarlo.