07/04/08
Un poema largo
Parece que he terminado un poema que llevaba escribiendo unos tres meses. 300 versos. He ido colgando aquí y aquí fragmentos, pruebas. Por ahora sólo hay leído la versión completa, aunque no final, Pep Izquierdo. Digo que no es la final porque hay un par de cambios, sugeridos por Pep, que tengo que hacer, y eso incluye eliminar seis versos que no van a ninguna parte, que a mí ya me molestaban, pero que Pep ha confirmado que estaría mejor el poema sin ellos. También falta un tiempo, todavía, para que lo cuelgue aquí. Ahora el poema tiene que descansar en un cajón durante unas semanas, unos pocos meses, antes de que lo vuelva a leer y decida si está presentable. Siempre he sido cauteloso con los poemas, y más si son algo largos; y no sólo por lo que he invertido en ellos emocionalmente, intelectualmente, sino porque quiero saber si dicen algo interesante, tanto para el lector como para mí.
En 1998 estaba escribiendo lo que yo pensaba que sería un poema largo. Estuve escribiendo durante unos tres meses, pero el poema no iba a ningún sitio, parecía plano, la obra de un poeta que no tenía nada que decir. Lo abandoné. Sin embargo, me quedaron las cosquillas de averiguar si yo tenía algo que decir… en poesía… porque soy de esa gente que hablando no se calla casi nunca. Y me puse a escribir poemas cortos, sueltos, exploratorios. De esa primera serie salió La vida en sociedad, un libro que hice junto con el fotógrafo Fernando Villavert, que incluía 17 poemas y 13 fotos. Después pasé otros siete años escribiendo casi sin tener idea, produciendo unos 150 poemas, de los cuales sobreviven unos 100. Muchos están colgados en este blog; unos cuantos se han publicado por ahí, incluyendo Carta de un exiliado, del que Dídac Ballester hizo una edición muy elogiada.
Luego, en diciembre de 2007, empecé a tomar las notas (en verso) para un poema que apuntaba a cierta longitud. Escribía, lo dejaba, escribía. Y en enero la cosa explotó: escribí unos 150 versos en más o menos una semana. A partir de ahí, seguí escribiendo parando, escribiendo durante febrero y marzo. Y corrigiendo, claro. Limpiando el ritmo, cambiando cosas de sitio. Es lo que más me gusta, de todas las cosas que hago: vivir con un poema hasta que está hecho. Ahora este lo está y hay que dejarlo descansar. En unas semanas lo colgaré en el blog.
Archivado en: Diario-de-la-vida-diaria

abr 10, 18:08
Pois eu agardo impaciente… Moitos bicos dende a outra banda do océano.
María
abr 10, 18:48
¡Yo también estoy un poco impaciente! Besos desde este lado del mar.