Siempre digo que no me gusta viajar. Es demasiado incómodo, requiere mucha energía. Pero a menudo estoy de viaje. Creo que es porque el viaje me recuerda que aún no he perdido la capacidad de sorprenderme. En la esquina de Junín y Lavalle, Buenos Aires, me di de bruces con el nombre de negocio más fino que he visto en mi vida, pura poesía:
Media Sombra, textiles. ¿Se puede cortar o partir una sombra? ¿Puede algo echar la mitad de su sombra? ¿El resto queda reservado para cuando el sol está en el cénit? ¿La guarda para tiempos en los que pueda llegar a proyectar sombra y media, como signo de abundancia, como bailando y cantando su alegría?