La nieve cubre Luxemburgo


En el acuario de las afueras hay un pulpo de voces.
De vez en cuando se acerca al cristal y dispara su tinta.
Así camufla algunas palabras
y mancha otras para siempre.
Las manchadas llegan solas a la memoria.
Las demás se encadenan al azar
y puede que mueran ahogadas
fuera del agua, en cuanto las dices.

Durante el otoño, llueven sables.
La primavera trae la muerte cristalina del frío
y el voto por correo.
El verano pertenece a los incendios de cuyo humo
nuestro orgullo mide altura y densidad.
Y cada invierno rompe su silencio
con la voz de hojalata
que un niño antiguo patea calle arriba calle abajo.

Al día siguiente llega una carta
con el aviso de que es mejor hablar
cuando a ya nadie le interesa lo que dices.
Es como dejar las únicas huellas
sobre la nieve al amanecer
en esta ciudad que aún desconoces.
Así está el aire de nuevo.
Como esa ventana en la media distancia
que ahora se abre.