Grandes avenidas junto al mar


Sueña, y en el sueño pierde la vista.
La ciudad crece en importancia junto al mar.
Lo sabe, soñando, por las altas grúas
que la construcción deja contra el horizonte
y por el ancho de las nuevas avenidas.
Sueña que se pregunta si verá otra vez.

Cuando ve el semáforo cambiar a verde
—perspectiva de puntos y puntos verdes
a lo largo de la avenida—
queda ciego de nuevo, pero sólo un instante.
Cruzando al otro lado, la pregunta lo sigue
acelerándole el paso, por si vuelve la oscuridad.

Y eso es lo que recordará al despertar.
Por la mañana, por la ventana, verá el frío:
gente abrigada, vaho de respiración;
el humo del tráfico blanco, sólido
como la ceguera soñada.
Ese día incurrirá en gastos paralizantes como dudas:
pequeños descosidos en la fibra del alma
que lentamente irán quedando sin remendar.