Control de equipajes


El jefe de mantenimiento sabe que no hay corriente.
No cortará el automático y morirá electrocutado.
Las maletas se harán esperar.

Llevan etiquetas de otro tiempo y otro lugar
pegadas como un recuerdo extraviado
entre lo que a menudo buscamos:

una vida que entregue su propio símbolo—
ese letrero de neón que noche tras noche
pierde brillo sobre un comercio que no cierra.

Nos gusta que las cosas brillen;
que el ritmo de su ruido nos enganche
para estrenarlo como la música de este viaje.

Y que lo que el viaje va puliendo y daña
encaje igualmente en su sitio: el alba
que da luz a nuestro entusiasmo de recién llegados.