Las editoriales del futuro

Alfredo Herrera Patiño está planteando, aquí y aquí, una serie de cuestiones muy interesantes (y creo que importantes) sobre el futuro del comercio editorial. Yo he participado en la discusión con un par de comentarios a sus posts.

Pero, como es mi costumbre, me dejo llevar por la fantasía: planteo un mundo de librerías donde se pudiera conseguir cualquier título porque los catálogos de todas las editoriales estarían en la red, y las librerías imprimirían bajo demanda. De esta manera, cualquier libro, en cualquier idioma, se podría comprar en cualquier parte del mundo y los gastos serían mínimos tanto para el editor, que no tendría que invertir en almacenamiento, como para el lector, que no tendría que sufragar los gastos de envío.

Hay quien se queja de los demasiados libros que se publican, como si fuera una obligación escolar leerlos todos. Con un sistema de impresión por demanda, se podrían publicar muchísimos más. Entonces probablemente reviviría la crítica, el lector tendría editores favoritos a quienes prestaría su confianza por cuestión de afinidad, la recomendación se convertiría en una industria de verdad (en lugar de un oficio que depende de los medios al uso).

En el mundo de habla hispana probablemente surgirían decenas de blogs con recomendaciones y reseñas de lo que se va encontrando por ahí; los abría generales y temáticos, individuales y colectivos, más dedicados a su literatura nacional y más internacionalizados… Los lectores iríamos a esos blogs como vamos muchas veces a las librerías: para ver qué hay de nuevo, pero también para comentar y participar en toda clase de discusiones. En otras palabras, se crearían grandes y pequeñas comunidades del libro.

Es por eso que la impresión por demanda, esa huida hacia adelante, me parece la mejor opción tanto para las editoriales, como para autores y lectores. La única parte de la industria que quedaría más o menos fuera sería la de la distribución, la más odiosa, la más cara y la que impone más límites sobre lo que se publica.

Habría muchas más editoriales, claro. Pero creo que hacen falta. Sobre todo las pequeñas, las que funcionan más por amor al libro y la literatura que por una hoja de resultados exigida por el conglomerado multimedia que es su propietario. Estas, como los blogs, crearían comunidad. Basándonos en la calidad de productos anteriores, y en nuestros gustos y afinidades, los lectores tenderíamos a acercarnos más a una editorial que a otra, más o menos como hacemos con los autores ahora. Las editoriales saben que esto siempre ha sido así; por eso sacan colecciones y series.

Pero lo mejor de todo sería el casi infinito volumen de títulos publicados. Evadiendo las limitaciones materiales, por ejemplo, Espasa Calpe podría volver a sacar la antigua Colección Austral, mucho más variada e interesante que la actual.

Un librero de viejo con quien hablaba de esto el otro día comentaba que si existiera esta clase de abundancia perdería parte de su mercado, basado en la escasez. Pero es al contrario. Mucha gente seguiría vendiendo sus libros para comprar otros, o hacer espacio, y la abundancia beneficiaría a las librerías de segunda mano, que verían incrementado su catálogo en cuanto a títulos y autores. El caso es que no dejaría de ser divertido darse una vuelta por las librerías; habría más sorpresas, más interés.

Alfredo plantea el caso de varios poetas importantes que no llegan al público simplemente porque sus obras son minoritarias y a las librerías e importadoras no les resulta rentable tenerlos en sus catálogos. Y eso es porque los catálogos son físicos, los libros son materiales y ocupan espacio, caro y escaso, en los almacenes y en los contenedores que los mueven de una parte del mundo a otra. Con el nuevo sistema, puedo imaginar que habría una explosión de editoriales de poesía, minoritarias, sí, pero no por ello sin lectores.

Lo que cambiaría, con este paso de la escasez a la abundancia, sería el papel del editor de poesía. Hoy, los editores prácticamente no leen. No les hace falta porque han externalizado el trabajo de lectura en los premios y sus jurados. Invierten poco porque los premios normalmente van acompañados del dinero para la publicación del poemario. Con el nuevo sistema, la competencia entre editoriales sería mayor, y los lectores basaríamos buena parte de nuestras elecciones, en cuanto a qué comprar y leer, en la confianza que tuviéramos en la editorial. Esta, a parte de ser una empresa editorial, se convertiría en una empresa de recomendaciones de lectura… como los blogs, pero produciendo, en lugar de sólo comentar.

Bueno, estas son mis fantasías. Alfredo Herrera probablemente me sacará del error con sus conocimientos del mundo editorial.

4 Comentarios para Las editoriales del futuro

  1. Antonio Graell escribió:

    Como bien dices te gusta soñar y a mi también, creo que aciertas en muchas cosas entre ellas que las distribuidoras serian las más perjudicadas.
    Pero el mayor problema que veo no es la distribución, para mi el talón de Aquíles es la promoción y no en cuanto a medios ya que con Internet es posible llegar a cualquier lugar pero un exceso de material disponible podría tener un efecto negativo por “abrumar” al posible interesado.

  2. Roger escribió:

    Bueno, sí. Ya ahora es imposible seguir lo que se publica. Pero no me parece un problema. Alfredo tiene razón cuando dice que se trata de sacar tiradas pequeñas de muchas cosas, en lugar de tiradas grandes o medianas de pocas.

    Para publicitar los libros se tendrían que formar comunidades de lectores, creo. Luego habría lectores profesionales, cada uno con su blog, que recomendarían cosas. Y los lectores a secas iríamos a los blogs que más nos interesaran, o con los que tuviéramos mayor afinidad, en busca de recomendaciones y reseñas.

    Sin embargo, la gran ventaja es que con un sistema como el que comentamos, se podría leer a los escritores latinoamericanos y españoles en cualquier sitio donde se quieran leer. Ya no habría que esperar a que una editorial española distribuyera a los latinoamericanos en España, ni que un peruano fuera editado en México, ni un Venezolano en Argentina.

    Esto conduciría a editoriales que en cada país se ocuparan de rastrear su territorio con mucho más cuidado en busca de buenos escritores. El dinero que antes iba a la distribuidora iría para financiar a la editorial: más lectores, por ejemplo. Y editores en el sentido anglosajón, que hacen mucha falta (o sea gente que además de corregir los textos, ayudan al autor a eliminar, añadir, reformular, etc.,) (En este sentido siempre utilizo el ejemplo de Bruce Chatwin y En la Patagonia: hicieron falta varios borradores y una estructura totalmente nueva, para que el libro fuera legible, y eso fue un éxito de la editora, más que de BC).

  3. Roger escribió:

    En un excelente post Alfredo Herrera Patiño continúa esta discusión-exploración del futuro, y casi del presente.

    Lo cito:

    “Ahora el libro no está sólo en el papel, de hecho tiene muchas más posibilidades de sobrevivencia por medios digitales, por esas sartas de ceros y unos en la que vivimos, y ocupa muy poco espacio. Es una gran ventaja, sin duda alguna. Y nos permite una exactitud inimaginable y el paraíso del lector, del editor y del librero. En un mundo ideal, en las librerías sólo estaría los libros que se venderán ese día, el editor sólo imprimirá los libros que venderá ese día y todo para que todos los lectores encuentren todo lo que busquen ese día. Tecnológicamente es posible, así de sencillo. El tiempo de planeación se acorta drámaticamente, el tiempo de dispersión, también. El tiempo de entrega, mucho más. Precisamos, tan sólo, cambiar nuestro modo de pensar. O engañarnos a nosotros mismos, lo que resulte más fácil. Al destruir los libros editados con la tecnología anterior no los elimino, los resucito, por llamarlo así. Les permito entrar en igualdad de condiciones otra vez con los demás libros y encontrar, centro absoluto de todos nuestros afanes, los lectores que se merece, no los que pueda alcanzar, sino lo que merezca tener. Sean tres, sean miles.”

    Si ese no es el presente, está muy cerca.

  4. Antonio Graell escribió:

    Ese si que es el presente, lo único que falta es su “popularización”, el papel digital ya existe, pero aun no es una tecnología lo bastante desarrollada como para convertirse en algo mayoritario, además tengo entendido que necesitan mejorar la comodidad de lectura, su manejo y la resistencia, con esto último me refiero a la posibilidad de doblarlo como se hace con cualquier periodico.
    Aunque creo que el “fetichismo” de un libro, el tacto se su papel, el olor, su encuadernación siempre será un valor añadido irreemplazable, también me parece que será más fácil instaurar el papel digital que la edición “analógica” bajo demanda, los motivos son claros, más rapidez, tan solo es necesario una tienda online y la facilidad de conseguirlo desde cualquier lugar al que llegue una señal de Internet.