Visita de un adivino


1
Buenas noches.
Vengo a descifrar el castillo de naipes
donde encierra usted sus días de fiebre.
Quieren que lo haga sin derribarlo.

Vengo a derribar el castillo de naipes.
No se preocupe, es mi oficio.
Quieren que lo haga sin desequilibrarlo
y con la lámpara encendida.

Pero no se preocupe, así es mi oficio.
Lo iré desmontando y leyendo
con la lámpara encendida
y sin marcar aún las cartas.

Lo iré desmontando y leyendo
para contarle después lo que sé
todavía sin marcar las cartas
todas encima de la mesa.

Para contarle después lo que sé
y qué encierra en sus días de fiebre
dejaré las cartas encima de la mesa.
Buenas noches.

2
Créame
todo lo que se inventa
se olvida
entre todo lo que se miente.

Todo lo que se inventa
nos mira por el ojo de la cerradura
entre todo lo que se miente
con la lámpara encendida.

Nos mira por el ojo de la cerradura
y desmontando el castillo
que iré leyendo hasta que me vaya
le contaré después lo que sé.

Ojo, hay que desmontar la cerradura
y dejarla encima de la mesa
para contarle después lo que sé
y decir, con algo nuevo, lo que pienso.

Le dejaré encima de la mesa
todo lo que se olvida
y con algo nuevo, lo que pienso:
créame.

3
Me sorprendería, no sé si decirlo
que con todas las cartas
pueda contarle después lo que sé
y dejar lo que se olvida encima de la mesa.

Que estén ahí todas las cartas
ya no me sorprende
ni barajarlas encima de la mesa
o deslizarlas por debajo de la puerta.

Ya no me sorprenden
los pasillos, las manchas, el olvido
que se desliza por debajo de la puerta
mientras se derrumba el castillo de naipes

por los pasillos, entre las manchas
de olvido que nadie se atreve a tocar
mientras se derrumba el castillo de cartas
marcadas con algo, una alegría, un tiempo:

Ese olvido que nadie se atreve a tocar
para contar después lo que sabe
marcado con algo, una alegría, un tiempo:
me sorprende, no sé si decirlo.