El coleccionista


Le faltan esos cromos para sentirse completo.
A cambio le ofrezco dos frascos de agua azul
y una copia no muy buena de mi desorientación.
También tengo un par de piedras nuevas
la sonrisa que ve usted ahí
o el panel donde alguien marcó el instante
en que olvidamos cuándo y cómo
pero sobre todo por qué.

A veces
con una hoja de papel se corta uno la córnea
o incluso, le faltan lágrimas.
Se sabe que ofrecer información
—por lo menos fidedigna—
no lo es todo.

Persiste el peligro de perderse bajo el cielo
y no atreverse a pedir otra vida.
Por eso le ofrezco además un horario.
Es a la vez variado y preciso y al fin
tan esperado y blanco
que mientras termino de hablar
verá que todo lo que le ha tocado
permanece intacto.

¿Hacemos el trato?