El andén


—Y claro, sigo afuera.
—Todos estos años.
—(Asiente) Esperando en el andén.
—Con esa mochila, y el exilio.
—(Ríe) ¡Uno en cada mano!

(Los deja en el suelo para sacar y encender un cigarrillo.)

—Lo más difícil de no fumar es no fumar esperando.
—Posiblemente.
—No sé si la esperanza se hace más difícil sin nicotina.

* * *

tren = distancia
yo = exilio
avión = maltrato
pasaporte = frontera
identidad = interrogatorio
frontera = policía
distancia = lo que fui = yo

* * *

(nací en el exilio
espero morir en mi tierra
el exilio)

Yografía


No uso teléfono móvil de ninguna clase. Las redes sociales, como Twitter y Facebook, han llegado a depender de la inmediatez que los móviles inteligentes proporcionan. Siempre llevo una libretita en el bolsillo, y cuando voy por la calle, anoto constantemente en ella cosas que se me ocurren: versos, ideas para poemas, tuits, cartas, frases que veo pintadas en las paredes. Luego, cuando llego a casa, igual que me vacío los bolsillos, miro en la libreta y saco de ahí lo que en realidad me interesa, más allá de la gracia que me haya hecho en el momento.
Un día empecé a anotar frases para una especie de historia de un Yo, un ego, algo así. Pueden ser ficticios, o mentiras directamente, o pueden ser cosas que en realidad pienso y hago. En casa, me dí cuenta de que podían ser tuits, y los empecé a colgar en la red, con el hashtag #Yografía. Aquí van algunos:

Yo alquilaba un Rolex, reloj de lujo atemporal.

Yo no estaba; pero pensaba en estar.

Yo no sabía que chicle y masticación estaban ligados etimológicamente.

Yo detestaba a los turistas. Ese era mi mejor elitismo.

Yo seguía a un montón de gente en Tw.

Yo pensaba que podría haber arte, poesía, no conceptual.

Yo pensaba que autopublicar era autopublicarse.

Yo intuía que el arte le sacaría el polvo a la vida diaria. De tales polvos, estos lodos.

Ahora al ir a #Yografía, descubrí que otro ya había tuiteado con ese hashtag, colgando frases de corte poético, sin el nivel de autoironía o autosátira que busco—y al que todavía no he llegado. Pero no quiero que se trate de un esfuerzo sostenido. Las frases son frases sueltas, sin continuidad, que surgen de muchos lugares distintos, según las mil y una cosas a las que presto (prestamos todos) atención a diario.

Instructivo Nº5


¿Cuánto hay que romper algo
para luego en casa mentir
que lo entendemos?

Haga la prueba:
Arme una idea
déjela una noche
en la calle
para el vándalo
el tecnócrata
el traidor.

Por la mañana
recoja los pedazos
éntrelos
déjelos encima de la mesa.
Mírelos un rato.

Vuelva a empezar.

Selfi


Hay que estar callados.
Comer coños.
Luego, calle abajo:
nostalgia que viene alegre.

Y mirar tetas.
Tanto que ver—
ese disfrute.
Y un café.

Más tarde hablamos.
Nada que decir
y mucho que hablar—
ese disfrute—
un poco poscoito.

A la larga una conversación.
Aspirar a partir de ahí:
de lo que se repita y repite:
reflujo, ácido, alegría.

Poscoito punto com.
Podría ser, ¿no?
¿Ese disfrute?
¿Cigarrillo en cada mano?

Y así parece que nada hay
mejor que confiar
en las horas para llenarlas.
Nada gris.

El sol rompe sombras.
Se afina el ruido.
Se añade una liturgia a otra.
Conversación—ese disfrute.

Se vende


Todos los poemas de Buenos Aires publicados en este blog, ahora en una edición especial en papel.

Se trata de una edición de la Biblioteca Popular Ambulante, de 50 ejemplares numerados y firmados, con las tapas hechas a mano.

Sale 150p. Pedidos por inbox.

Arte de Volantería


Estoy escribiendo una serie nueva de poemas. Me interesa la calle, me interesan las calles de Buenos Aires, y más las del centro. Caminando por esas calles recojo o me dan volantes de todas clases, la publicidad barata es incesante, inevitable. Los colecciono. He hecho muchos libros con volantes: buena parte de la Biblioteca Popular Ambulante. Ahora estoy tomando la información que viene en los volantes y destilándola en poemas. Las palabras entran en el poema tal y como aparecen en el volante, no las retoco, no cambio nada; son las palabras de la tribu, de la calle, de la ciudad, de lo que somos. Son nuestras palabras. No son las únicas, pero es innegable que son nuestras.

Además de los volantes, están los letreros hechos a mano que se ven en muchos comercios. Miles y miles de avisos de todas clases. De ahí también surgen poemas.

Durante años he incluido en mis poemas las palabras de otros. No sé si la patria es el otro, pero estoy seguro de que el lenguaje sí lo es. Las palabras no me pertenecen a mí, por muy poeta que sea, son de todos; el lenguaje, lo que hacemos con él, es cosa de todos.

Hay dos vertientes generales de la poesía. Una intenta mostrar la experiencia del individuo, su lugar en el mundo, cómo construye ese individuo su interior y cómo habita su exterior. La otra muestra las corrientes de lenguaje y experiencia que atraviesan al poeta desde su afuera. Ambas son válidas, ambas pueden ser interesantes y potentes. La primera, con una trayectoria más conocida, privilegiada en los últimos dos siglos, domina aún el discurso poético. La segunda, sin embargo, tiende a ocupar a una cierta vanguardia del presente, que ha encontrado en la enorme cantidad de escritura que circula por internet una fuente de inspiración y material muy importante.

A mí me interesan las dos formas. Vengo de la primera, y de una manera u otra, durante los últimos cinco años, he estado escribiendo poemas y haciendo libros con las dos. “Poemas de Buenos Aires” es poesía lírica aunque incluye palabras de otros. “Arte de volantería” se está construyendo exclusivamente a partir de las palabras de otros, no tanto las encontradas en internet, como sí las encontradas en la calle.

Buenos Aires 2015


El futuro del proyecto nacional
Por la Argentina que todos queremos
Hay que ganarle a la derecha
Quieren voltear al gobierno
Toda la ciudad para todos
Que florezcan mil flores
Provoquemos una evolución en la Ciudad
Tenemos patria, recuperemos la Ciudad
Aluvión ciudadano es participación
En la Ciudad y en el país
La Ciudad es el otro
Cuando soñás en equipo, soñás más grande
Por una Ciudad mejor
Para hacer de esta ciudad un lugar más justo
Una sola ciudad
Seguridad, educación, cuentas claras
Ideas nuevas para cambiar la Ciudad
Por una Ciudad integrada al proyecto nacional
¡Una nueva conciencia está en marcha!
La transparencia es capital para gobernar
Tiene ideas y tiene ideales
Aníbal sí les gana
Vos sos fundamental para construir la Ciudad que soñamos
Una ciudad equitativa y amigable
Quiero ser parte
La ciudad es para vos
Podemos vivir mejor
No somos promesa
Tenemos patria, tengamos ciudad
El cambio empieza eligiendo alguien distinto
Hay otra ciudad

Les demoiselles de Buenos Aires


Todas completitas
Las mejores chicas hermosas en el Microcentro
Únicas
Servicio de novia
Tu mejor amante te espera en
Privado, masajes, hoteles
El mejor lugar, tu mejor momento
21 añitos, completísima
Rubia completita
Solita en mi depto.
Bucal hasta el final y cola a full con la chica de la foto
Aceptamos tarjetas de crédito y débito
Flaquitas y pulposas
A pasos del Obelisco
Distracción y placer
Divinas: rubias y morochas
Gran promo por inauguración
Foto 100% real
Te espero
Todo lo que quieres en un solo lugar
Bebidas sin cargo
Las chicas de la facu
Señoritas a tu elección
Dulce rubia
Rubia porno exuberante
¿Nos buscabas?
Llamame
Es como hacer el amor

Liniers


En una galería, un café. Tres que apenas se conocen.

Uno: Mi voluntad es la de no ser.
Dos: ¿Por qué dice usted eso?
Tres: Pura prevención.

Televisor: ¿Cuál será el destino de las orugas
secuestradas por las hormigas?

Uno: Pero sigo aquí.
Tres: Por falta de cautela.

Mujer (en otra mesa): No sé.
Tengo un bloqueo con vos.
En el sentido de que no te puedo
decir las cosas, ¿etendés?

Dos: Siempre esa inseguridad.
Uno: Diga la fractura que nos pone en el mundo.
Tres: Y el proceso de la ruina.

Camarero: Buen día. ¿Qué van a tomar?

Hacértelo llegar

Fragmento de una carta

The poet finds poetry in what comes by accident — Charles Simic

No me interesa el cine. Como casi todo el mundo, veo películas y series de televisión, pero no me interesa hacerlas. De la misma manera, leo novelas de misterios o de aventuras, pero no me interesa escribirlas. Tampoco me interesa hacer video, ni cine experimental, ni eso que llaman videoarte o videopoema.

Me interesa el poema. Y con eso, me interesa averiguar cómo hacértelo llegar. Puedo escribirlo en un papel, enviártelo en una carta; puedo colgarlo en la red, en mi blog, y darle alguna difusión por las redes sociales; puedo recitarlo encima de un escenario, o decírtelo en voz baja al oído, o contártelo mientras caminamos por Buenos Aires; puedo grabar mi voz diciendo el poema. Puedo incluirlo en un libro. Puedo hacer una película. No importa. Lo que me importa es que llegue hasta ti. De cualquier manera.

Y así es como hace ya unos años empecé a hacer libros de cualquier manera, utilizando cualquier recurso a mi alcance. Y ahora empiezo a hacer películas, con cualquier recurso al que pueda echar mano. La perfección técnica me importa un carajo; lo que me importa es la perfección del poema, y que lo que tenga de poético llegue hasta ti.

Eso, nada más.

Independencia y Solís


Parada del 150; escuchemos:

—No se queje, así es la mano invisible que nos peina los lunes.
—¿Vió que la zapatería y la panadería se entienden?
—¿Alguien las interceptó la otra noche?
—Mi otro vecino dice que no encuentra lo que dijo hace tantos años.
—Y el mío nos mostró su colección de escarabajos; todos menos uno siguen vivos.
—Murió el favorito, claro.
—Es que para serlo hay que morir primero.
—¿Está seguro? Llamaré para preguntar.
—Aquí cerca y a lo lejos le darán la única respuesta.
—Tiene razón, pero mientras el precio sea correcto…
—Eso es lo que nadie sabe.

Vélez Sarsfield y Caseros


¿Siempre se piensa que la isla desierta viene con palmeras?
La misma falta de seriedad, casi farmacéutica
le atribuye una biblioteca mínimalista.
Se enfría el café y aquí estamos, todavía pensando
en la inundación al fondo, el arrepentimiento de las palomas
o la servilleta mojada en sangre: creo que dan para elegir.

En este más remoto de los lugares, nos avisan, se inventó:
1) la arandela empotrada en el pavimento;
2) el bolígrafo con otro nombre;
3) la pizza como símbolo patrio;
4) el himno secreto que obliga a levantarse temprano;
5) una vía de ferrocarril sin destino conocido.

Algunos aplauden y comparten silla de ruedas
para saltarse el disco en azul. ¿O celeste?
El globo queda al fondo a la derecha, y más a la derecha
la hostilidad arquitectónica y los excesos gramaticales
que dan la vuelta a nuestro parque favorito.
Antes, una mercería se dedica a promover el mal.

Lo mejor, sin duda, es que oculta en todo esto
encontraremos siempre la amenaza de civilizarnos
si no se pasa el balón al pie de la foto oficial.
Pero basta de turismo—
aquí dobla el colectivo hacia casa.
¿Nos vemos el jueves?

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