Hacértelo llegar

Fragmento de una carta

The poet finds poetry in what comes by accident — Charles Simic

No me interesa el cine. Como casi todo el mundo, veo películas y series de televisión, pero no me interesa hacerlas. De la misma manera, leo novelas de misterios o de aventuras, pero no me interesa escribirlas. Tampoco me interesa hacer video, ni cine experimental, ni eso que llaman videoarte o videopoema.

Me interesa el poema. Y con eso, me interesa averiguar cómo hacértelo llegar. Puedo escribirlo en un papel, enviártelo en una carta; puedo colgarlo en la red, en mi blog, y darle alguna difusión por las redes sociales; puedo recitarlo encima de un escenario, o decírtelo en voz baja al oído, o contártelo mientras caminamos por Buenos Aires; puedo grabar mi voz diciendo el poema. Puedo incluirlo en un libro. Puedo hacer una película. No importa. Lo que me importa es que llegue hasta ti. De cualquier manera.

Y así es como hace ya unos años empecé a hacer libros de cualquier manera, utilizando cualquier recurso a mi alcance. Y ahora empiezo a hacer películas, con cualquier recurso al que pueda echar mano. La perfección técnica me importa un carajo; lo que me importa es la perfección del poema, y que lo que tenga de poético llegue hasta ti.

Eso, nada más.

Independencia y Solís


Parada del 150; escuchemos:

—No se queje, así es la mano invisible que nos peina los lunes.
—¿Vió que la zapatería y la panadería se entienden?
—¿Alguien las interceptó la otra noche?
—Mi otro vecino dice que no encuentra lo que dijo hace tantos años.
—Y el mío nos mostró su colección de escarabajos; todos menos uno siguen vivos.
—Murió el favorito, claro.
—Es que para serlo hay que morir primero.
—¿Está seguro? Llamaré para preguntar.
—Aquí cerca y a lo lejos le darán la única respuesta.
—Tiene razón, pero mientras el precio sea correcto…
—Eso es lo que nadie sabe.

Vélez Sarsfield y Caseros


¿Siempre se piensa que la isla desierta viene con palmeras?
La misma falta de seriedad, casi farmacéutica
le atribuye una biblioteca mínimalista.
Se enfría el café y aquí estamos, todavía pensando
en la inundación al fondo, el arrepentimiento de las palomas
o la servilleta mojada en sangre: creo que dan para elegir.

En este más remoto de los lugares, nos avisan, se inventó:
1) la arandela empotrada en el pavimento;
2) el bolígrafo con otro nombre;
3) la pizza como símbolo patrio;
4) el himno secreto que obliga a levantarse temprano;
5) una vía de ferrocarril sin destino conocido.

Algunos aplauden y comparten silla de ruedas
para saltarse el disco en azul. ¿O celeste?
El globo queda al fondo a la derecha, y más a la derecha
la hostilidad arquitectónica y los excesos gramaticales
que dan la vuelta a nuestro parque favorito.
Antes, una mercería se dedica a promover el mal.

Lo mejor, sin duda, es que oculta en todo esto
encontraremos siempre la amenaza de civilizarnos
si no se pasa el balón al pie de la foto oficial.
Pero basta de turismo—
aquí dobla el colectivo hacia casa.
¿Nos vemos el jueves?

Costanera Sur


El edificio—ruina ya—que habita nuestras alegrías.
Un pegamento feliz.
La colección de autitos en la vidriera.
Rápido, y más, llega el colágeno, la foto 100% real.
Y no se termina de entrar en el radio de nuestras palabras—
algunas automáticas, o con hongos, o se rompen
con sólo escucharlas: hay que decirlas.

Más ahora que siempre importó si hablamos en futuro
y pasado, presente, lo que se suspende a punto de sueño
en el cansancio de lo ya visto y oído.
Aunque la verdad siga siendo—con vistas a la ciudad—
lo que no hay que contar, ni poner todo en blanco.

Partículas del habla brillan hacia adentro, al contraste.
Microagujeros negros, estrellas negativas. Más antiguas
y peligrosas, todavía, que ceros y unos, unos y otros
cunas y naciones—basura y plástico flotando
bajo las nubes de mosquitos.

San José y Sarmiento, un café


Con Walter Benjamin

Uno: ¿Y qué pasa si nos damos por vencidos?
Otro: ¿Dice usted si vivimos mejor la derrota que la lucha o la victoria?
Aquel: Nuestra venida al mundo, ¿es la esperada?
Otro: Nada que haya ocurrido puede darse por perdido.
Uno: ¿Abandonaremos también nuestro coraje y humor, la astucia y nuestra fuerza?
Aquel: Eso, así tan fácil, y abierto a la especulación.
Otro: Es el recuerdo que surge a la superficie en el momento de mayor peligro, como siempre.
Uno: Y está esa ausencia de uno, y uno como ausencia cuando piensa en sí mismo.
Otro: Uno que se da las cartas equivocadas, mientras espera.
Aquel: O que se borra en lo que compra, sea un celular o una idea o un candidato cuando vota.
Uno: Todo lo que se completa ya está deshaciéndose a la vez.
Otro: Y estalla al mismo tiempo que se conjuga, sin parar de reanudar la conjugación y el estallido.
Aquel: ¿Escucharon? En el concurso de la radio regalan un turno de telo.
Otro: ¿No se lo dije yo antes?
Aquel: Sí, lo dijo. ¿En qué andábamos?

Últimas noticias


REVISTA
Esta semana, el órgano oficial de la Biblioteca Popular Ambulante incluye:

BAIPEX
El tumblr de Roger Colom incluye:

Poema y ciudad


El poema de ahí donde vivimos, y ahora vivimos en la diferencia entre ciudad y urbanización. La urbanización de todo lo que no era ciudad, y sigue sin serlo, aunque sea urbana, con calles y casas y comercios y oficinas y demás, y hasta la urbanización de la ciudad, quitando lo citadino y dejando lo meramente urbano.
Urbanización casi rima con smartphone, aunque es previa y se asemeja más al cableado que se impone tras la expulsión de la ciudad y más de lo que todavía no se ha urbanizado.
Ciudad hay poca, urbano hay mucho, un territorio mucho más amplio, incluso sin incluir lo suburbano.
El poema se da y vive en esa diferencia. Entre la ciudad y lo urbano. Ciudad es lugar; urbanización es proceso, y puede que algún día algunas zonas urbanas lleguen a ser ciudad. Cuando el proceso llega a un fin, se convierte en lugar, y con suerte ese lugar es ciudad. El proceso, en muchas ciudades actúa a la inversa, retirando la posibilidad de lugar e insertando pura urbanización sin fin. El poema parte de un lugar para llegar a otro. Se lee en un lugar, o leyéndolo se aspira a llegar al lugar. Si se puede leer, es que ha tenido lugar, algún lugar. Si no, el poema sólo se vislumbra, como quien mira de noche a lo lejos las luces de la ciudad.

Lo que toca explorar


El otro día fui al consulado a renovar el pasaporte. Contra lo que me esperaba, fue un trámite indoloro, rápido. Pero pasó algo que me llamó la atención. Al principio, la persona que me atendió no me trató demasiado bien, se impacientaba a cada momento, se enojó cuando le dije que no tenía las fotos. Fui a hacérmelas en un sitio a pocos metros del consulado. Cuando volví, la persona de la ventanilla había cambiado su tono para conmigo. Algo había pasado en el interín: había leído los documentos que le había dejado. Creo que ahí lo único más o menos fuera de lo común era mi profesión: poeta. ¿Me habrá tratado mejor por eso?

Cuando salí del consulado, venía pensando en esto. Antes, en ese tipo de formularios, ponía que era escritor. ¿Falsa modestia? En realidad, no soy escritor, soy poeta. La diferencia entre uno y otro es abismal.

Hay dos tipos de escritores: los analistas y los narradores. Los analistas escriben ensayos, textos académicos, informes, manuales y otras prosas que describen o examinan una situación u objeto. Los narradores escriben novelas, cuentos, guiones de cine y televisión, a veces teatro, también software—los principales formatos narrativos en nuestra cultura.

Para los escritores el lenguaje es una herramienta que sirve para producir otra cosa, como la cámara en el cine. Son artesanos. Sólo cuando sus obras abordan problemas cercanos a los de la poesía los llamamos artistas.

Para el poeta, el lenguaje puede ser una herramienta, pero su trabajo consiste en problematizar las herramientas que utilizamos para abordar la realidad. El poeta es un artista. La diferencia entre artista y artesano es precisamente esta de la problematización de los medios que utilizamos para tratar la realidad. El artista cuestiona.

El poeta problematiza el lenguaje. Busca sus límites, los explora. Llega a ellos como desde afuera. El escritor es un nativo de la lengua, el poeta es un extranjero en su propia lengua, como también lo puede ser el tipo de escritor que marcamos como artista.

(Algunos escritores de software han querido compararse con los artistas. Me parece que tienen razón en hacerlo, si su trabajo consiste en cuestionar nuestra relación con lo que nos rodea. Pero serán artistas de verdad cuando empiecen a cuestionar la idea de software, de código, y hasta de computadora y computación que son sus medios.)

El poeta debe abarcar el lenguaje más allá y más acá de la escritura. Debe utilizar todos los medios a su alcance, para problematizar el lenguaje, claro, pero también el medio que se está utilizando. Puede utilizar, por ejemplo, el habla, la música, el ruido y la canción; el video y el audio; la performance; la instalación; la muestra de artes visuales; el libro y la revista (en papel y electrónicos); los distintos medios que ofrece internet (blogs, twitter, facebook, youtube, mail): todo lo que tenga a mano y de una forma u otra constituya lenguaje o un vehículo para el lenguaje.

Deheza al 1600


Aquí no habita cartel, buenos días.
Traje mi suéter, y ahora
¿cómo dejo caer los brazos?

Se ve que son instantes, tiempo
libre para alquilar ciclistas
atropellarlos, peatones, desayuno.

Con la cena la tormenta
arrancará esas ramas
derribará aquel árbol.

9 de Julio y Brasil


Feriado.
Ahora que siempre hay algo más
para limpiarse el finde
largo en la costra.

Costumbre igual a sedimento.
En otras palabras, cómo ir
remidiendo la ciudad
a cada salto de sol.

Villa Urquiza


10 metros de falta de guita en el bolsillo y vuelve
el ruido administrativo que acompaña siempre:
tráfico pesado, camiones y lámparas de basura
cada vez de la madrugada, esos dioses.

Cada uno viene con su religión, su dinero, su particular
especulación desde acá abajo (incluye la inmobiliaria).

(Dime tu religión y te diré quién eres, y tu silencio, tu arma
oculta esculpida en jabón, tu sobredósis de harina
en la isla de la supervivencia.)

—Y faltan apps para eso, ¿no?
—El problema es cuántas.
—Además, para abarcarlas o inventarlas habrá que promocionarlas:

1) Vender la camiseta sindical de cada infierno
2) Pedir acceso a todas las fotos de tu nueva vida
3) Encriptar el colágeno de la de la tele
4) Sumar su inflación a los demás precios y pecios
5) Decidir qué incluye la promo
6) Dejarla suelta con los perros de las vacaciones
7) Terminar la secundaria cuantas veces sea posible

—El siete es nuestro número de la suerte.
—¡Sip!
— Hasta mañana, entonces.
—Hasta mañana.
—Hasta mañana.

24 de Noviembre y Caseros


Estamos construyendo un mapa emocional de Buenos Aires.
Pensaba que todo mapa es emocional.
De madera (pino y aglomerado).
No sé si pintarlo, alguna luz: un instante de tragaluz
contra el aire caliente de un colectivo que pasa.
Se admiten apuestas—en red.
Hinchas cantan frente a Huracán, que tampoco sube este año.
Hora pico, un día más en la vida y obra de todo Job.
¿Es Ud. el Sr. Job?
Pregunte a la AFIP, si es tan amable.
Gracias.
No, por favor.

(25 de noviembre, 2014)

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