25/08/10
Lisa Giménez
Mis palabras y mis cosas
En Bisagra hasta el 28 de agosto

Suele ocurrir que las metáforas de los filósofos me sorprenden, me atraen más que las de los poetas. Hace muchos años, leyendo en Derrida, encontré una que se ha convertido en una especie de fantasma en el fondo de mi memoria. Existe un sistema mnemónico según el cual uno debe erigir un palacio en su mente e ir poniendo cada cosa a recordar en una de las habitaciones. Hay una habitación en el fondo de mi palacio habitada por ese fantasma.
Volví a ese lugar la segunda vez que fui a ver “Mis palabras y mis cosas”, la última muestra de Lisa Giménez en Bisagra. La exposición es aparentemente sencilla, hasta que uno se empieza a preguntar el por qué de esto o aquello. De hecho, parece no ser gran cosa: hay una foto de una estantería, en tamaño real, repleta de objetos; una foto cenital de una maleta, también en tamaño real y llena de objetos; una foto larga, puesta sobre caballetes, horizontal, en la que aparecen más objetos de la vida de Lisa Giménez, con etiquetas como de museo, en las que cuenta por qué cada cosa tiene su valor, con la fecha y el lugar que corresponde a cada una. Y hay más que iré contando en este artículo.


En “Différance”, el seminal artículo que aparece en Márgenes de la filosofía, Derrida explica ese neologismo suyo. Cuando escribe sobre esa especie de mudez de la a en différance, que suena igual que si fuera la e francesa en différence, dice: “La a de différance, por tanto, no se oye: permanece silenciosa, secreta y discreta como una tumba…” En otras palabras, igual que una tumba, esta es una presencia que señala una ausencia. No me voy a meter más en esta cuestión: para no molestar y para decir lo que quiero decir sobre el trabajo de Lisa. (texto completo...)
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