El Bajo


Le estaba chupando la concha a una piba
cuando me acordé:
te debo dinero, un paseo, varias dudas.
Duda y deuda podrían ser la misma.
Noctámbulos como nosotros viven ahí
en el Bajo, recorriéndolo noche tras noche
(madrugada tras madrugada)
en busca de la misma sorpresa
de siempre, adulterando minutos
y horas, como para ahorrarse algo
y gastarlo de nuevo, rascando
bolsillos, adiestrándolos
para que se enteren, mes a mes
y año con año,
de que el jugador nunca pierde.

Un poema de pared


Anoche, tomando un ron de pre-despedida, hablaba con Julieta Lionetti y Bengt Oldenburg acerca del futuro de la poesía. Julieta piensa que la escritura discursiva no tiene futuro; que algo otro la suplantará… ¿el código? Más la palabra performativa que la discursiva.
Hace años que pienso que el mejor lugar para publicar poemas es el blog. Van apareciendo conforme se escriben, de uno en uno, y llegan a todo el mundo (esto es mucho mejor que una edición de 500 ejemplares que probablemente no podrá ni salir del país donde se publique… no existe un mercado real de libros que abarque todos los países de habla hispana).
Pero incluso el blog ha de estar ya en vías de extinción.
Aquí he mostrado algunos de los libros de la BiPA, que siguen el gran precepto de Osvaldo Lamborghini: “¡Primero publicar, luego escribir!”. En otras palabras, antes viene el medio, después se va escribiendo para llenarlo.
Pero sigo pensando otras formas de llevar el poema al lector, de crear un contacto físico entre ambos. Una es esta, tal y como la anoté en mi libreta hace unos días:


—> Tablas, cachos de madera, unidos con tornillos, clavos, cola—de cualquier manera. Hay que hacerlo rápido.
—> Todas las maderas/tablas llevan texto. Completamente cubiertas de texto, un poema.

Algunas notas


Buscando otra cosa encontré estas notas para una muestra completamente absurda de la Biblioteca Popular Ambulante. Bueno, era absurda a propósito. Creo que la idea tenía que ver con desviar la atención de los libros, una especie de comentario sobre el ruido. ¿No es la tienda el espacio más importante de cualquier museo?

Mapas de sueños



Vivir en ciudades implica estar inmersos en signos, señales, mensajes incesantes, letreros luminosos sin fin. Te vas a la cama y te suena el celular y es publicidad de algún tipo. Pero no sólo es una saturación publicitaria: las señales vienen de los demás, son de aprobación, negación, interés o exigencia de conformidad con alguno de los múltiples códigos que recorren la sociedad múltiple, la ciudad. No entremos en todas las formas más recientes de conectividad. El caso es que la señalización de la vida, su signación, no para nunca. Como el inconsciente.

Los lacanianos dirán que el inconsciente funciona como el lenguaje, los deleuze/guattarianos que el inconsciente es una máquina de producir deseo y va más allá del sujeto, a lo social: que el inconsciente es social y no para de producir deseo. Las obras de Alberto Méndez podrían ser radiografías, escaneos, de momentos o instantes de la producción de deseo en la ciudad. Es el título de la muestra, que da título a todas las obras, lo que me ha puesto sobre esta pista: “Olvidé que te amaba”, como si la inmersión absoluta, el dejarse llevar por la máquina deseante que es la ciudad, por esa corriente, trajera consigo no sólo el olvido de uno mismo, sino también el de la persona amada. Aunque no sabemos, siquiera, si el objeto de ese amor es una persona. En el inconsciente urbano, tampoco hace falta esa información. El título propone un enigma, pedimos su resolución, sí, pero me parece más rico no parar de resolverlo, estar siempre en ese camino.

(texto completo...)

Basura y reciclaje


Porque existe una industria del reciclaje, la basura se divide y se organiza por materiales: cartón, papel, vidrio, plástico, metales, etc.

¿Y si se organizara por colores? Es absurdo, claro, pero ¿y si lo que nos interesara reciclar fuera un color u otro, o varios colores, según las demandas del mercado? Esta semana, el rojo está mejor pagado que el azul, así que las personas que revisan las bolsas y los contenedores en la calle, o los vertederos, prestan más atención al rojo. Hay montañas de rojo, listas para ser pesadas y cargadas en camiones. Tres mil kilos de rojo recolectados en cuestión de dos días.

Y se llevarían a la industria del rojo. O a las industrias que fabricaran objetos rojos, o ideas del rojo, o tonos del rojo, o texturas del rojo. Una industria basada exclusivamente en el color.

O la basura se podría organizar por formas: todos los círculos van en estas bolsas, todos los rectángulos en estas otras (poniendo especial atención en los cuadrados), y los triángulos en las de más allá. Podría haber una industria del círculo, otra del triángulo, otra de óvalo, con todas las variantes bi- y tri-dimensionales que el mercado aguantara.

(La industria del romboedro, ¿sería demasiado especializada? ¿Pediría subsidios?)

Tarde o temprano se combinarían algunas de estas industrias. El triángulo rojo sería un gran éxito, mientras que el círculo amarillo no tanto. Cosas del mercado, de las modas, de las necesidades reales e inventadas, de la tecnología, de la publicidad—y de los sueños, los de los colores puros y de las formas ideales.

Parque Patricios


El aire llega más frío de este lado
ahora que la batalla está ganada
y la otra opción es volver a empezar.
Me gustan los árboles desnudos y el interior
de las fábricas cuando está limpio
y nadie fabrica ya nada.
Del paso del tiempo sólo queda el cascarón:
fábrica abandonada, crisálida.
A esa quietud me refiero, aunque
no busco la quietud, al contrario:
te busco a ti un día tras otro.

Te busco en las calles, en las sombras
y donde no hay sombra, en otra manera
de respirar. Buscarte en mí, buscar
lo que de ti ha sobrevivido en mí
todo este tiempo, me ha desperdigado:
me ha esparcido como ceniza por la tierra
y el aire—por no hablar del mar.
Me ha sacado de las fábricas vacías y
de las calles que se habían vuelto idénticas
a mí para dejarme en ese afuera
que se extiende y dura siempre más;
o para echarme, siento a veces, al fuego
de un día en el que no quedan ya
interiores.

Y te lo agradezco. Te lo agradezco a ti
y a eso que en mí no has abandonado
en todo este tiempo de agua corriente
y sangre secreta: la idea, la magra
posibilidad, de volver a encontrarte.

Mi cueva/taller


Anti-belleza de los libros


Lo que sigue es parte de una conversación por chat con Andrea Suárez Córica, poeta y artista, constructora de libros.

RC: Tenía dos cosas más de metal para ti, pero las voy a usar: una para el nuevo libro, la otra como contrapeso para el transformador eléctrico de mi ordenador, que está fallando.

ASC: Contrabando de contrabando, ¡no vale!

RC: Sí, sí, todo vale. ¡Esto es arte contemporáneo!

ASC: Lo que yo hago, ¿intenta serlo? ¿O ya lo es? ¿O qué sería?

RC: Sí, lo es. Aunque tengo que convencerte de que abandones tu buen gusto formal.

ASC: Algo ligado a la belleza, ¿no? A eso te referis, a la perfección, lo prolijo…eso es notorio en el libro de los recuerdos, y, creo, un poco menos en el de la gramática del embalaje.

RC: Sí. El problema es que ya hay mucha belleza en el mundo, mucho objeto bello, desde cafeteras hasta casas y autos, con el agravante de que el prestigio social de esos objetos es mucho mayor. Entonces, si el arte es siempre un acto social, ¿por qué no llevarlo por otro lado?

(texto completo...)

Color, aquí, ahora

Valeria Traversa
Línea de flotación
Museo Casa de Yrurtia
Hasta el 5 de enero de 2013

La muestra es pequeña; apenas cubre las dos paredes del zaguán que conduce al patio de la vieja casona del escultor Yrurtia, en Belgrano. Y al parecer, también es simple: unas manchas de color de un lado, unas rayas de color del otro. Los colores son vivos, vibrantes, con esa transparencia que es una de las felicidades que traen a la vida las acuarelas.

Las manchas de color parecen flotar encima de unos dibujos más bien geométricos, o restos de figuras geométricas, hechos casi con regla, con moldes. Todos los planes que vamos haciendo, todos los cálculos, todas las certezas, se van descolocando. No se descomponen, quedan por ahí, por debajo, como recuerdos, como caminos neuronales marcados por la costumbre. Pero el agua, el color, una inundación breve y festiva de manchas, les ha pasado por encima. Hay una alegría aquí: hemos vivido, seguimos viviendo: lo preestablecido, lo acordado con anterioridad, lo formal, lo legal, el GPS de nuestras vidas diarias, se irán borrando. Queda el momento, y el momento se compone de estos colores, estas aguas, estos aires festivos, esta danza que no tiene un más allá. Estamos en el aquí y ahora.

Enfrente, las mismas acuarelas, los mismos colores, igual de festivos, pero en rayas verticales, una junto a la otra, un papel de rayas junto a otro, por encima o por debajo de otro. Cuando veo rayas verticales, pienso en la cárcel, o en algunas camisas que uso, aunque no me gusten. Sin embargo, los colores que ha elegido Valeria, el orden en el que aparecen, a veces incluso sin un orden cromático estricto, más como alineados caprichosamente, me devuelven a la alegría de la que hablaba antes. Aquí no hay resaca, ni de la danza, ni del momento anterior. Hay continuidad bajo un orden distinto. Como si la felicidad de aquella fiesta se hubiera vuelto alegría al recordarla. ¿Hace falta añadir que el recuerdo tiende a lo selectivo, al orden, a querer establecer una linealidad, una causalidad?

Debo decir que esta pequeña muestra me sorprendió. Siempre me han gustado los dibujos de Valeria. Recuerdo otros más dramáticos, siempre abstractos, pero con líneas cortadas, zigzaguantes, en todas direcciones. Aquí hay otra cosa, una calma alegre, quizá. Y lo que me llamó la atención fue el uso del color; y si no es el uso, es el dejarse llevar por esos colores, como por la dicha infantil (que aún siento) ante una caja de lápices de colores. No estaba yo muy de buen humor el domingo por la tarde, cuando fui a la inauguración, pero me dejé llevar por esos colores: dejé que me elevaran en su principio del verano, en su final del verano.

El Carrito Cacerolero


La BiPA/RaCMo tuvo el honor de presentar, anoche en el CCEBA, su nuevo carrito de protesta ciudadana.

Es un carrito que sirve para protestar dando cacerolazos desde el balcón de casa. Incluye mini-parrilla, mini-bar y mesa extensible que sirve para invitar a los amigos a tomar algo o para planchar una camisa (en el interior lleva también una plancha). Los artilugios caceroleros van a pilas, con lo que uno se puede quejar incluso de algún corte de luz. También lleva, en el frente una linterna de leds, que sirve para enviar mensajes por código morse a los vecinos de enfrente.

Se puede pintar de distintos colores, según el partido político de cada quien:

(texto completo...)

El Cuerpo sin Órganos (en 4 sesiones)


A partir de la semana que viene daré un breve seminario sobre el CsO. Será los lunes en La Plata y los jueves en Buenos Aires (Palermo).


En él dormimos, velamos, combatimos, vencemos y somos vencidos, buscamos nuestro sitio, conocemos nuestras dichas más inauditas y nuestras más fabulosas caídas, penetramos y somos penetrados, amamos.
—Gilles Deleuze + Félix Guattari, Mil mesetas


El Cuerpo sin Órganos, sentido, pensado por Antonin Artaud, es uno de los elementos clave de Mil mesetas, un libro fundamental. Pero, ¿a qué apunta un CsO? ¿Cómo hacerse uno, cómo experimentarlo? ¿Cómo se desorganiza un cuerpo y por qué habría de hacerlo? Estas son algunas de las preguntas que intentaremos responder.

INFORMACIÓN:
(Para dudas y más informes,
utilizar el formulario de contacto de este blog)

BUENOS AIRES
LUGAR: Departamento único
DIRECCIÓN: Guatemala y Uriarte
HORARIO: Jueves 19-21 hrs
INICIO: 15 de noviembre
FINAL: 6 de diciembre
DURACIÓN: 4 semanas
(Cupo limitado)

LA PLATA
LUGAR: La Fabriquera
DIRECCIÓN: 46, nº943 e/ 13 y 14
HORARIO: Lunes 19-21 hrs
INICIO: 12 de noviembre
FINAL: 3 de diciembre
DURACIÓN: 4 semanas
(Cupo limitado)

El futuro ya llegó


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