Sitcom


Había que dejar dormir a los mendigos
en la puerta del teatro y no pudimos entrar.
La licitación de otra lucidez
nos esperaba en casa, un poco
a regañadientes, colaboracionista
con una mochila que parecía arrastrada
por todos los charcos y alguna conversación
alguna incluso ilegal. Otro prejuicio
abandonó la cercanía que tanto amábamos
dejándonos quietos, leyendo la pantalla.
La sospecha bajaría los días siguientes
cuando el concurso al que nos presentábamos
se condujera entre lo que pensábamos hacer
y lo que pensábamos hasta entonces.
La liebre contrató a la tortuga.
No sé qué problema hubo con la facturación.
Todo es víctima de otro atentado, nos cuentan.
Así es como elegir se convirtió
en la gruta nueva que ahora hay que pintar
con lanzas y bisontes en las paredes.
El tiempo se ha vuelto exclusivo.

La solución


Se desploma un lingote.
El robot en piezas
yace en su caja y su candombe;
en su yogur, en su inexpresividad
aleatoria y renovable.
Se alcanza a ver a una señora
con gesto mussolini por teléfono.
La canción todavía nos necesita.
Sin saber más quién pidió el combo
existencialista, ni quién ha venido
en los últimos meses
a rechazarnos, hay algo ahí
con esa presencia que funciona.
Por ahora, nadie se canta solo;
y menos cuesta arriba con su idioma
híbrido, propiedad de otro intento.
Eso especulábamos la otra mañana
con el panchero.
De vuelta es el mes de la limpieza.
Nuestro honor se resiente.
La salamandra no ha vuelto.
Le rechinan los dientes al espectáculo
al mediodía, y seguimos en el banco
esperando a que el parque cierre:
esa es la ventaja de la luna nueva.

Espejo sin frente


(Bar antiguo, desafiando nostalgias
son tres los que hablan, ginebra ad hoc
y ríen sin demasiado estrépito.)

Uno: Junto al niño que resultó su propio perro
nos reunimos aquí, ahora, garpando el día
sin mirarlo a los ojos.

Dos: Lo siguiente es pura
superpoblación y celebrarlo por culpa
de la medicina…

Tres: (interrumpiendo) o sus youtubers anexos
al bricolage natural a todo sistema.

Uno: (casi cantando) Cada negra hermosa
en su jardín.

Tres: Eso digo siempre, antes
de que me acusen los contrarios.

Dos: La inundación ya no es lo que era:
una canción remotamente afín
a quien la controla.

Uno: Gratis por ahora, o pirata, se desafina
muy fino tanta hilatura.

(texto completo...)

Urbanismo


Mndrtelo
m sale 320p
+ 10p x el sobre:
una guita.

“¿Cómo desarticular
nuestra civilización?
Primero hay que destruir
el correo; o encarecerlo
hasta que se vuelva imposible.”

(No quiero hacer un poema.
No quiero desistir.)

¿Cuando A dice
que somos animales
políticos
quiere decir
que somos bichos
de ciudad—
polis = ciudad, no?

(Pero tiene que ser
uno que no lo sea.)

“Y civilización
viene de civitas:
ciudad.”

(Quizás uno hecho
con los restos:
lo que resta
de lo que aún somos.)

Aniversario


Notábamos, ¿no?, ¿un permiso nuevo?
40 cascarrabias se eligieron.
Llovió, granizó, sopló fuerte el viento.
Era su cumpleaños, el de una amiga.
Todavía no habremos empezado
a confeccionar nada, casi vaciándonos,
casi acercándonos uno con otro
como caníbales caseros, firmes.
La lluvia entró por la ventana dura.
La ventana blanda seguirá inmune
hasta que los elegidos nos anuncien.
Los cumpleaños llegarán diariamente,
repartidos entre la población
hasta agotar existencias (o casi).

Red social


Uno: ¡Tanto secreto en que vivir!
Dos: La economía del dato llega como un alivio.
Tres: Un nuevo dios.
Dos: Y revela al otro con esperanza de que alguien llegue por fin a saber quienes somos.
Uno: Yo, cuanto más visible más íntimo, y viceversa.
Tres: Toda esta exteriorización trae consigo el mandato de un interior nuevo, fresco, conocible y reconocible.
Uno: Ese desgaste de la vida en instantes, ¿no?

En febrero


Un recorrido por la historia del collage, desde el cubismo y el dadaismo hasta el presente, investigando cómo funciona el collage como técnica y como manifestación cultural en distintos medios: en el arte, la literatura, el cine, la música, la publicidad, internet, y cualquier otra posibilidad que se nos ocurra.

La moneda falsa

Con Rosalind Krauss

pode
mos
*
ver
que
hay
una
c- – v – - gencia
c-onol&#243 – - – -
entre
e -
ascenso
del
dinero
como
s&#237mbolo
incon
vertible
de
- a
econo
m&#237a
de
posguerra
y
el
nacim
iento
del
signo
est&#233tico
no
refer – - cial

Se juega


este problema
esta duda
este momento
ese día
aquella conversación
una lista
un plan
una deserción
una noche
aquel desvío
el recuerdo del plan
sin detalles
una mañana
olvidado
la luna todavía
el horizonte
otra idea
otra lista
una curva ciega
un silencio
otra tarde
una cara
mía, reflejada
un escaparate
un reconocimiento
claro
lo que ha cambiado
acumulándose
un callejón
hasta hacerse visible
mi rostro
uno más
otra idea
otro plan
un sol rojo
esta mañana
hoy

El andén


—Y claro, sigo afuera.
—Todos estos años.
—(Asiente) Esperando en el andén.
—Con esa mochila, y el exilio.
—(Ríe) ¡Uno en cada mano!

(Los deja en el suelo para sacar y encender un cigarrillo.)

—Lo más difícil de no fumar es no fumar esperando.
—Posiblemente.
—No sé si la esperanza se hace más difícil sin nicotina.

* * *

tren = distancia
yo = exilio
avión = maltrato
pasaporte = frontera
identidad = interrogatorio
frontera = policía
distancia = lo que fui = yo

* * *

(nací en el exilio
espero morir en mi tierra
el exilio)

Yografía


No uso teléfono móvil de ninguna clase. Las redes sociales, como Twitter y Facebook, han llegado a depender de la inmediatez que los móviles inteligentes proporcionan. Siempre llevo una libretita en el bolsillo, y cuando voy por la calle, anoto constantemente en ella cosas que se me ocurren: versos, ideas para poemas, tuits, cartas, frases que veo pintadas en las paredes. Luego, cuando llego a casa, igual que me vacío los bolsillos, miro en la libreta y saco de ahí lo que en realidad me interesa, más allá de la gracia que me haya hecho en el momento.
Un día empecé a anotar frases para una especie de historia de un Yo, un ego, algo así. Pueden ser ficticios, o mentiras directamente, o pueden ser cosas que en realidad pienso y hago. En casa, me dí cuenta de que podían ser tuits, y los empecé a colgar en la red, con el hashtag #Yografía. Aquí van algunos:

Yo alquilaba un Rolex, reloj de lujo atemporal.

Yo no estaba; pero pensaba en estar.

Yo no sabía que chicle y masticación estaban ligados etimológicamente.

Yo detestaba a los turistas. Ese era mi mejor elitismo.

Yo seguía a un montón de gente en Tw.

Yo pensaba que podría haber arte, poesía, no conceptual.

Yo pensaba que autopublicar era autopublicarse.

Yo intuía que el arte le sacaría el polvo a la vida diaria. De tales polvos, estos lodos.

Ahora al ir a #Yografía, descubrí que otro ya había tuiteado con ese hashtag, colgando frases de corte poético, sin el nivel de autoironía o autosátira que busco—y al que todavía no he llegado. Pero no quiero que se trate de un esfuerzo sostenido. Las frases son frases sueltas, sin continuidad, que surgen de muchos lugares distintos, según las mil y una cosas a las que presto (prestamos todos) atención a diario.

Instructivo Nº5


¿Cuánto hay que romper algo
para luego en casa mentir
que lo entendemos?

Haga la prueba:
Arme una idea
déjela una noche
en la calle
para el vándalo
el tecnócrata
el traidor.

Por la mañana
recoja los pedazos
éntrelos
déjelos encima de la mesa.
Mírelos un rato.

Vuelva a empezar.

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